
Él. Sólo él, no pedía nada más. Se apoderó de mi mente. Una droga que me envenenó y me hizo enloquecer. Era el sabor de sus labios, sus caricias que recorrían mi cuerpo de arriba abajo. Para mí era el cielo, para él solo un juego. Jugó, se divirtió y rompió mi corazón en pedazos tan y tan diminutos que era imposible pegarlos. Fracasé. Fracasé una vez más como una idiota. No sentía, no deseaba, no soñaba, no imaginaba. Él arrebató todas mis fuerzas, se las llevó, se llevó mi corazón. Rosas rojas que se destiñen. Vida que pierde color. Camino tortuoso, oscuro y pedregoso. ¿De qué sirvió arrancarle los pétalos a la pobre margarita? De nada. Temo vivir desde ese momento. Negro, problemas. Gris, obstáculos. No hay más colores en mi vida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario